Vagabundo (1996)

En 1996 acababa de graduarme de escuela superior; todavía andaba enamorado del amor y cada dos días compraba una catorce de Marlboro Lights para creerme el cuento ese de que lo mío no era vicio. Tenía algo de coraje, estaba en esa edad melancólica que confunde y retuerce los bríos porque, en el fondo, no se sabe nada más que de aparentar y jugar a vivir. Me sentía extranjero en un mundo para el que no estaba preparado.

Entre los discos que aún conservo de esa época, hace poco desenterré "Vagabundo" de Robi Draco Rosa; pronto serán trece años desde el primer encuentro, la primera probada en Casa de los Tapes, en uno de esos trips de tristeza. Escúchalo, me dijo el gordito que atendía, y lo puso en un walkman (con CD, claro, era 1996). A doce años y pico, esta es la reseña:

Vagabundo introduce al oyente en un canvas audiofónico desde que se aprieta play. Es oscuro, sí, sin embargo, posee una cualidad sobrenatural que agarra y no suelta. Una atmósfera espesa como el canto a la noche que da la bienvenida; la voz triste de una posible alma errante, o quizás el vagabundo que evoca la voz gruesa y distorsionada, declama que va "hablándole al amor mientras camina por el valle de flores de la muerte… para matar el llanto". La intención está expuesta, el conjuro lo evoca la voz femenina quien muestra el camino hacia la naturaleza misma de la obra, "abismo de la sangre", la "sangre del deseo", el "deseo de la carne". Draco, este poeta blakiano, sobreviviente de luchas internas con la conflictiva fama abre la caverna de su alma para dejarnos probar lo que realmente se cuece en el fondo. El llanto subterráneo.

El álbum oscila bipolarmente entre la sutil poesía y la honda amargura (poética por demás), entre imágenes de candidez y el tormento de una vigilia eterna que espera por otra cadencia, otra luz esperanzadora [tal vez]; "un sol negro, negra luz / los perros vomitan plástico azul… siento vértigo". Resuenan estrofas acongojadas y surreales de un compositor en el estado primitivo de sus sentidos; vuelto a nacer para intentar logar su objetivo: "recién parido en el lecho de la muerte, criatura de la paz, recién niño del sol del rostro negro,arrullado en la cuna del silencio, mamando oscuridad, corazón desierto. Niño mío, cielo enterrado y manantial aéreo". No se puede olvidar que 1996 significa para el cantautor un nuevo comienzo, la reivindicación de su disco Frio, un álbum comercial y falto de una valentía como la que exhibe en Vagabundo y Mad Love.

Así de impresionante es la producción musical a cargo de Phil Manzanera (Roxy Music). El manejo del concepto, coherentemente trabajado de principio a fin, con sus "themes" y "reprises" estratégicos, evoca los álbumes conceptuales del Art Rock clásico y el rock progresivo de mediados de los setenta, sin empalagar al oyente como lo haría cualquier inexperto. Tiene madurez, horas de estudio y pasión cruda por todos lados. La tarea hubiese sido imposible sin músicos excepcionales detrás de un artista libre de ataduras y remilgos.

Vagabundo satisface al oído, tienta el intelecto y coquetea con la locura; sus besos furtivos, muertes comedidas, plástico, re-nacimientos, sueños errados y visitaciones amatorias; no envejecen. Algo así como las memorias de mi juventud (no que sea un viejo, verdad, pero hay algo en la melancolía reminiscente que nos llena a todos). En esos trece años, ¿qué ha sucedido? Bastante: dejé de fumar, tomé un rumbo incierto en cuanto a mi profesión, terminé en buenos términos con la música, me casé y me convertí en padre, y pienso que alguien leerá estas líneas pensando en que hay cosas que mantienen su vigencia aun en el fin de los tiempos. Así le pasa a este disco, ya cerca de su adolescencia destila como un producto de madurez eterna… qué bueno.


1 observaciones:

Fulano X said...

PAra mi ciertamente es un disco eternizado en el ambar de los clasicos. Como Joshua Tree de U2, Moving Pictures de Rush o Sgt Pepper de los Beatles entre otros. Siempre sorprenden cuando los visito en su vecindario de eterna vigencia







"Had I known I was dead
I would have mourned my loss of life"

- Ota Dokan

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