“0”

    Ella es un teléfono; eso y horas extrañas para llamar; teléfono, horas y excusas: No sé donde estoy, quiero verte, sabes que no le pediría esto a nadie más, ayer comencé a extrañarte, quiero que me toques… Ella es un montón de justificaciones al teléfono en el preciso instante en que quiero dormir y olvidarme de la ciudad iluminada a faroles y calles desiertas porque es tarde en la noche o temprano en la mañana y tengo que dormir para ir a trabajar y hacer millonario a otro.

    No me atreví decirle No. Ella es como un aguacero inesperado en medio de la vía; yo sólo una estructura que brega con el cambio a su paso. Ella es ecléctica y tiene interruptor, pero yo no lo encuentro y por eso me culpo. Cuando desaparece y se vuelve sólo voz en el auricular me hierve el cuerpo y se me deshacen los huesos; me confunde: Yo soy así, siempre me equivoco, yo sé que tú me quieres santa, y yo no hago más que tratarte mal; que me gusta cuando te pierdo y te encuentro, cuando me pegas a la pared y me arrancas la piel para enseñarme cómo me extrañas. Entonces salgo a buscarla.

    La encuentro tirada sobre alguna mesa, envuelta en sudor, con la boca seca y la falda manchada, olorosa a tragos y me mira sonriente, como si se hubiese bebido todo el universo antes de que llegara yo para no avergonzarme frente a los amigos que no conozco. Ella me abraza, se repliega sobre mí como una extraña mascota salvaje y me dice que quiere dormir. A mi teléfono le gusta salir cuando piensa que no me necesita; se desliga de mí con excusas facilitas: no somos compatibles, es que eres otra cosa, viste, que tú no debes meterte con gente como yo, que es mejor así… Le recojo el cabello como me enseñó y le ayudo a montarse en el auto.

    En mi cama la veo soñar, sus ojos vibran cerrados, tiene vida en sus pupilas. Es dulce cuando lleva días sin dormir y de repente se deja caer; no lastima porque se apaga igual que mi teléfono cuando ella está. Y se despierta tarde, y me hace venir, me devora con todo y su dolor de cabeza y me dice que me lo merezco, eso y mucho más, y me pide perdón, la perdono y se pone a llorar.

    Una vez le pedí casarnos –soy clásico y anticuado –, no quería que siguiese dejando mensajes en mi contestador. Dijo que lo pensaría, que no sería mala idea, que así debía ser. Salió a comprar flores, una botella de algún vino barato; sería tan sólo un momento, dijo. Yo me quedé a la mesa con una sandalia suya al alcance de la mano seguro de que no llegaría a cenar, mucho menos a dormir. Ella es así. Volví a encender mi teléfono, por si acaso, y me acosté a la espera de su timbre. Ella no es más que un teléfono junto a la cama; sólo un teléfono. ¿Y yo? Yo no soy más que un operador sobrio, de esos que ya no responde si marcas "0".


4 observaciones:

Wilfredo said...

Muy interesante como todo lo que escribes !!!!!

Iva said...

me siento extrañamente identificada...hmmm...

DINOBAT said...

Bueno, bueno...esas extrañas relaciones entre lo vivo y lo muerto...

Anonymous said...

hello ;)
www.sextra-dtc.com







"Had I known I was dead
I would have mourned my loss of life"

- Ota Dokan

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