XIXV: Poema numerado aleatoriamente para perder cuenta del tiempo que se derrite hasta convertirse en resinas violáceas y estériles



¡Ah, piel de mujer prohibida!
Deseo revuelto de mis entrañas sombrías,
Humareda flameante que torna sueños en deseos
Y embriaga el parecer con sus solas resinas
¿Cuán sabio sería probar tus secretos?
Sin importar que la prohibición misma nos mantenga extraños,
y atente contra nuestras vidas


Perder el alma, el cuerpo, la memoria, el tacto o el placer
Sería gran empresa con tal de poder probarte

¡Piel de mujer desnuda!
Latir desmesurado que destroza la inocencia pura…
Apatía y hambre primitiva
curiosa es la ensaña de este joven tonto
que imagina cómo te bañan sus deseos vergonzosos
¡Desguaza mis intenciones en su tibia cama de nubes!
Sin dejar que la extrañeza de nuestros cuerpos amaine tus colores,

voraz, alta, insufrible, y modesta, piel divina de mujer prohibida
Cómo duerme al saberse de otro propiedad?

¡Piel prohibida de mujer divina!
Que es desconocida pues otras manos son las que le miman.
¡Cuánto se envidian esos dedos ajenos!
Pues no soy quien toca su delicado contorno ni le besa el cuello,
Compréndalo, es su caudal incandescente lo que el vicio me enciende
Algo en mí se ruboriza, se tensa y se obsesiona con su perfume de señora

¡Qué delicia sería tenerle, mujer apetecible y sin fin!
Si tan sólo pudiera dormir…

fotografía: "body knots" © Howard Schatz

3 observaciones:

Emilio said...

Ernesto, mucha sensibilidad. Te felicito.

Awilda Caez said...

Leer este texto es un placer. Me gustó demasiado.

Emilio said...

Algo extraño ocurre, de pronto todos mis amigos se han tornado excelentes poetas.







"Had I known I was dead
I would have mourned my loss of life"

- Ota Dokan

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