Nietzsche, Dasein y la búsqueda de algo...

Últimamente me encuentro leyendo más de lo que puedo escribir. Supongo que responde a un gran vacío que llevo dentro; siempre he querido saber más de lo que sé. Como un vicio, o la necesidad de buscar una verdad distante y ruda que me golpee. Entre las selecciones disfrutadas en este periodo se encuentran muchas lecturas de capricho; esas que hago por el simple hecho de no encajonarme en un único pensamiento dirigido por el mercado popular y la industria del libro puertorricensis.

En lugar de leer a muchos de los compañeros que han publicado sus más recientes –o tal vez engavetados pero, al fin, liberados- trabajos literarios, he recurrido a Adorno, Horkheimer, Barthes y a Nietzsche para escapar. Tan sólo un poquito.

Me ha tocado de singular manera la lectura de El Anticristo, de Nietzsche. En principio tomé como un bárbaro lleno de complejos de superioridad y misoginia sin remilgos a este hijo del pensamiento alemán, no obstante se ha revelado, en éste su último libro antes de la locura inminente, como un hombre muy distinto.

Lejos de promulgar su pensamiento en pro de la ontología y el nihilismo moral, este autor, entre líneas, comunica lo que realmente busca: la seguridad de que algo existe a fin de cuentas más allá. Su defensa no es sobre lo espiritual. A diferencia de otros pensadores como Heidegger, Nietzsche no toca este punto. Sí expone que todo concepto moral está muerto: Dios, el prójimo y sus reglas consecuentes, no así la espiritualidad del ser.

Claro, ponerme a debatir estas ideas con doctos en la materia sería perder por falta de experiencia y argumentos. Sin embargo, creo que hay algo edificante en todo ese “aparente” negativismo nietzscheano: él, al igual que todos, quiere creer. Y más allá de sólo creer, quiere convencerse de que en verdad cree en lo que espera. Nada de super en eso.

Este es uno de esos temas interminables. Yo he llegado a figurarme de que, a final de cuentas, cuando todo haya terminado, nada sabremos y poco será lo que recordemos. Nada del eterno retorno, ciertamente. Pero eso soy yo…

Tal vez, pronto, cambie de parecer para no tener las mismas cargas que el viejo Friedrich. Mientras tanto, vuelvo a leer un poco más de la pléyade de escritores del patio. Se me antojan menos complicados y errevesados.


1 observaciones:

Isabel Batteria said...

Qué lecturillas...

En cuanto a lo que comentas en mi blog, sí, exactamente a eso me refiero. Estamos de acuerdo.







"Had I known I was dead
I would have mourned my loss of life"

- Ota Dokan

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