Mushin no shin [mente sin otro pensamiento]

Masamune, el gran maestro y espadero del siglo XIII japonés, dijo que, era muy fácil derribar la espada de un samurai durante el combate, no obstante, destruir su Mushin o sea, la mente libre de otro pensamiento que no sea el objetivo primordial, era una empresa distinta.

Es verdad, no hay quien pueda contra uno cuando existe lo que se conoce en oriente como: mushin no shin; mente sin otro pensamiento. Pregúntele a uno de esos esposos obsesionado con su mujercita y él le dirá que es verdad.

Yo creo entender lo que quiso decir este antiguo maestro del Budo, que después de todo, también fue un pensador profundo en los procesos del espíritu y el cuerpo; Musamune, antes de comenzar la confección de una de sus famosas espadas, se retiraba a un templo Shinto para purificar su mente y karma; sólo así tocaría el metal.

Se me antoja pensar que sus palabras hacían alusión a la intrínseca relación entre espada, mente y deseo, elementos imprescindibles del guerrero al servicio del emperador. Queda pues mostrado con su sabia sentencia que, la base del conflicto -ese convencimiento necesario para matar en acorde con las leyes del honor- no se encontraba en la herramienta: la espada; más bien yacía en la concentración requerida para llevar a cabo el acto: la mente.

Masamune, aun en su espiritual violencia y sin conocer fundamento psicológico constructivista o postmoderno alguno, comprendía con exactitud algo tan lógico, y esencial, que parece haber olvidado el legislador que propone la castración química como método de castigo para los ofensores sexuales en éste, nuestro bendito país: puedes quitarle el cuchillo al matón, ¿pero qué haces con su Mushin, su conciente o subconsciente, con su patología psiquiátrica, con las ganas que se alojan en su mente y no en su mano? ¿Cómo le acabas la obsesión que se esconde a cinco palmos de su pene?

El asunto de la salud mental, es uno que padecemos todos en mayor o menor grado; obsérvese nada más el capitolio. Y, a pesar de que aplaudo su valentía al proponer una idea tan de moda en la era bizantina; creo que podría usarse ese tiempo y dinero -con el que piensa emascular pérfidos-, en algo mucho más productivo y menos nocivo que ir por ahí soltando eunucos llenos de violencia. Propongo de salida el refrito de dirigir esos fondos a la prevención blah, blah, blah.

Aunque, si el asunto es botar dinero por botarlo, podrían firmar en resolución conjunta, un acuerdo para comprarme una espada Musamune… Créame, que con el Mushin que cargo hace días, quién sabe lo que pudiera lograr, ésta vez avalado por el gobierno.

2 observaciones:

Elidio La Torre-Lagares said...

lo gracioso de todo es que el ofensor sexual no parte de una aberración psico-sexual, sino que se trata de una manifestación de poder. el violador no busca satisfacción sexual, y en su lugar se manifiesta una manera violenta de ejercer poder(que muchas veces no sólo no lo tiene, sino que nunca lo tendrá)

Elidio La Torre-Lagares said...

De paso, Valentine: pasa por mi blog, que has sido "MeMeado"







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- Ota Dokan

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