¿INTER MIRIFICA?


Hace unos días me topé con un portal web perteneciente a un individuo de nombre James Likoudis que, desde su perspectiva ultraconservadora defiende el fundamentalismo católico. Como parte de la propuesta, el Likoudis y sus acólitos buscan que su movimiento consiga, entre otras cosas, eliminar los ministerios musicales para regresar a los programas de música sacra –con todo y coral a lo Obrecht o Des Pres– y remover del altar a los ministros asistentes en la liturgia regular. Además, pide (en un tono bastante rígido y formalista) el regreso de elementos desaparecidos después del Concilio Vaticano II como lo son las barandas metálicas que separaban el altar, el púlpito y la feligresía, y, el que el sacerdote vuelva a dictar la misa en dirección del este cardinal y no al pueblo mientras celebra la liturgia. Claro, también añade que otros desagradables aspectos modernos como los sermones cargados de mensaje social, las niñas monaguillos, incluso las túnicas sacerdotales de telas inferiores o colores brillantes deben desaparecer.

El argumento primordial para estas peticiones según el ensayo titulado The Degradation of Catholic Worship: Time to End “Modern Liturgy” Gone Mad (Likoudis, 2002), es la ausencia de espiritualidad y misticismo asociados a Dios y los hombres de Dios.

The loss of sacred music, the feminization of the Liturgy, the illicit use of "inclusive language", the spectacle of the priest-entertainer telling jokes and desperately striving for eye-contact with his "audience", and the mayhem resulting from a protracted "kiss of peace" — are but a few of the distractions characterizing desacralized liturgy.

Estas propuestas, además de llamar la atención, contrastan bastante con el resurgimiento de los nuevos protestantes –dentro y fuera de la isla – que, a diferencia de la todavía tradicional liturgia post-Concilio Vaticano II, divergen en su visión litúrgica. Basta con observar los estacionamientos que aderezan estos nuevos púlpitos llenos de bandas y coros, ministros y reverendos, alaridos carismáticos y lenguas a tutiplén; allí, la divinidad es “progresista” y hasta un poco farandulera.

Ahora bien, séase en la facción tradicional o progresista, hay un elemento común que se hace patente día a día: la celebración religiosa es espectáculo. Ejemplos hay muchos: el “fuego” que imparte el pastor no denominacional dentro de un coliseo lleno, el dramatismo del sermón cuasi socialista que no cuaja en acción, el inconspícuo silencio de Viernes Santo o la procesión del Domingo de Resurección con todo y su Jesús de pelo largo y barba polisintética. Y es que estos nuevos tiempos claman porque nuestra espiritualidad se de, únicamente, en el contexto del espectáculo. No ya el medieval o el añejo, sino el de entretenimiento. Sólo el ungido con el fuego del “showman” es quien realmente tiene línea directa con Dios; los demás, son sólo hombres. A cambio de un momento de espiritualidad catalizada por “humortivación” llenamos arcas, danzamos, hablamos en lenguas y rendimos la lógica; nos hace falta estar cercanos a lo divino pues sin ello no tenemos sentido.

Interesante resulta que, según Richard Dawkins, por más que el ser humano trata de inventar nuevas religiones no puede hacerlo (claro, Dawkins insiste en la inexistencia de divinidad alguna y por tanto el acercamiento paulatino hacia la verdad atea). No obstante, insistimos en la evolución del sistema presente, ese que se halla en la búsqueda final de ese encuentro con el creador y las respuestas espectaculares. Mientras tanto, el “showman”, o al menos la experiencia del show sobre el altar, deberá ser el simulacro ideal hasta que algo distinto venga sea del cielo o la tierra… o el espacio…


2 observaciones:

francisco said...

A veces pienso que dios le dice a jesus (sentados en una nube como todos los dias) "chequeate a estos haya abajo haciendo payasadas....y que es eso de aleluya?"

Pachy

Anonymous said...

En esencia, estoy de acuerdo en que "la iglesia" pase por cambios porque en fin, son humanos quienes la dirigen. Pero, deben ser cambios para bien... y por eso es que no voy mas a misa. Siempre me he considerado un feligres tradicionalista-moderno, pero ultimamente la hipocresia es notable a grandes escalas. A un sacerdote te le puedes dirigir humildemente con su nombre, o simplemente como "padre" y te responden super bien. Ahora bien, que venga un diacono... un dichoso diacono (que a mi juicio son inferiores que los curas, pero aparentemente no lo son...) y te EXIJA que te dirijas hacia el como "reverendo" u otro titulazo de pacotilla que se auto-asignan ellos mismos... eso si que no lo tolero.

Creo en mi iglesia humilde, sana, con sus lideres parroquiales quienes se comunican y ayudan entre si... esos que velan por el bien comun de su parroquia... y no por el que diran porque sean mas que otros...

Erico







"Had I known I was dead
I would have mourned my loss of life"

- Ota Dokan

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