Giselle no tiene SIDA

¡Giselle no tiene SIDA! Coño, qué bueno saberlo y, además, enterarme así en primera plana y con fotocopia (tachada claro) con el detalle del análisis sanguíneo. Todo hecho un drama de la vida real, porque esos son los que nos gustan. Admitámoslo, hay que tener valor para hacerse “la prueba” y luego salir así frente a cámara con el resultado verificado, seguro ya que los fluidos corporales y excreciones no son peligro mayor para ninguno. Y digo, pudo ser igual si fuese gonorrea, sífilis o cualquiera de las hepatitis del abecedario; pero en este caso, debido al subsiguiente ligue sobre el que hay que montarse para mantenerse vigente en la farándula, el síndrome de inmunodeficiencia resulta mucho mejor: no tiene cura, le apodan el perro y supuestamente está ligado a estilos de vida licenciosos.

Así es como queremos a nuestras figuras públicas, justo al borde del peligro, pero sequecitos y sanitos (a lo Nenuco), dispuestos siempre al disparate publicitario de la más baja calaña. Porque no es lo mismo que al hijo de Edelmiro en Peñuelas se le infecte el pipí, o se convierta en otra estadística del Departamento de Salud del país. No. Ese dime-y-direte se reserva para personalidades mediáticas hundidas en la disparidad (o disparate, vuelvo a decir).

Es Giselle, ¿y cómo es que es? Pues del mismo modo que ha sido siempre: el escándalo es nuestro alimento socio-cultural, y como tal hay que digerirlo. Sin duda, somos tendenciosos al dolor y las miserias humanas. Es parte de nuestra des-evolución atávica; las telenovelas y los “breics de la esperanza” tullida nos han acondicionado el apetito mordaz por el sufrimiento, el puño en la cara y la riña de puta pringada en media calle.

Lo lamentable –pues como exhorta Demócrito de Abdera, no debemos reírnos sino lamentar estas muestras de humanidad nueva- es que la dignidad moderna, en especial la de nuestros “artistas” (gente común y corriente) está en venta 24 horas al día y aprovecha estos mismos intercambios miserables para crecerse. No debe extrañarnos, la naturaleza está llenas de ejemplos: lampreas, virus, bacterias, gobiernos, cantantes y hasta legisladores y gobernantes. Sin embargo, son los organismos entre medio: los exes, las madres, los donantes y amantes los que directamente se cruzan sin saberlo en la balacera y quedan salpicados en la violenta batalla que, gracias a la corta memoria y al hambre insaciable por el bochinche, queda olvidada una semana más tarde. Entre buenos deseos y consejos al estilo Tío Nobel, se difumina la trama, queda atrás el entuerto y todos como si nada; tal vez un par de puntos más en encuestas, risas y llamadas de opinión, pero de eso no pasará.

Giselle ahora, no sólo con su conciencia limpia, también con la indiscutible sensación de frescura y bienestar en el cuerpo (y entre las piernas) queda libre y reivindicada; ha quedado absuelta de nuestras vagas opiniones gracias a un ELISA y a la idea de su “manager”. Después de todo, convencer al mundo de que somos píos, sólo se trata de quién pica al frente… ah, y de quién tiene el secreto más escabroso al final del juego.

Yo, como soy descreído, apuesto a que vuelve.


2 observaciones:

francisco said...

Yo tambien soy otro descreido....me gusta esa palabra. Me parecio de primera que ella queria volver a prenderse, tu sabes, como esta apaga'...pero ese drama al que tu te refieres, es el que alimenta ese mundo mediatico y alguno de nosotros...Perdemos mucho el tiempo en esas pendejadas, e dicho...Hasta la proxima Darien...

Jorge Ariel Valentine said...

Un abrazo, Pachi, y gracias siempre por mantenerte mirando en la caja a ver qué hay.







"Had I known I was dead
I would have mourned my loss of life"

- Ota Dokan

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