Cuando finalmente la hallé inmóvil sobre la camisa azul que se había puesto para intentar nuevamente el jueguito aquel de la danza y las caricias, tuve una revelación: "Sólo cuando duerme es que pienso con los sesos".
Me levanté tan rápido y callado como pude, me unté las manos con las resinas verdes -las que suelen macerar sin resentimiento- y le acaricié el rostro con la delicadeza sutil y apasionada que se atoraba en mi garganta. Claro, quiso resistirse al encuentro del amor letal, ¿acaso no se lo había advertido? Que mi amor, al igual que el suyo, es un balazo a la cabeza.
No sé por qué, pero pensé en astrolabios y cartas de navegación, la probable posibilidad de no verla nunca más... y el aire me supo tan fascinante como la primera vez que pude morderle los labios, y ella no conocía sobre juegos y sortilegios estridentes.
En un instante sentí reconstituida el alma. Me lavé las manos, olvidé los lastres ignominosos, y finalmente tuve el valor de abrir la puerta y cerrarla con gusto.

4 observaciones:
Necesito leer mas sobre Ines...me perdí como tres capitulos...me parecio genial y genuino...
Ya los lei...obseción enfermisa??..continua el relato por favor...
Continúa la poesía en prosa, muy cuidada, en los relatos de Inés. "Le acaricié el rostro con la delicadeza sutil y apasionada que se atoraba en mi garganta." - Me encanta esa línea porque muestra, perfectamente, lo difícil que es a veces mostrar lo que uno siente. Estos perosnajes enamoran, incluso aún cuando son desalmados o quizás precisamente por eso.
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