Musica con cojones (serie especial) Segunda Parte: Un dinosaurio llamado Telharmonio

>> Aug 31, 2006

El año es 1911. La dirección marca el 535 de la calle 56 oeste. Thaddeus Cahill ha pasado los últimos catorce años trabajando en lo que será su última (y obsesiva) invención; el “Telharmonio”. Es una máquina inmensa: mide 60 pies de largo, pesa casi 200 toneladas y posee el aspecto de una planta generadora de energía. Este, es el tercer prototipo del que tanto ha hablado. Los anteriores, de apariencias y tamaños un poco más modestos, no han parecido llegar al punto perfecto de entonación. Cahill, dice que hoy llegará la consagración definitiva.

Durante los años de 1890, Thaddeus Cahill, vivió y trabajó como abogado e inventor “amateur”, en Washington D.C.. En 1893, después de estar jugando con los cables del teléfono, tratando de transmitir música a través de la línea, súbitamente dio con la idea que revolucionaría la música. Pero, ¿cómo amplificar?; si no sería hasta 1931 que los primeros amplificadores estarían disponibles.
Cahill sabía que, si podía transmitir una señal eléctrica lo suficientemente grande y constante a través del cable telefónico, y ataba un cono al final de la línea, la música podría ser escuchada por un público. Pensó, que si podía transmitir música por línea telefónica, sería él, quien controlaría el negocio de música para hoteles, restaurantes e incluso, hogares. El problemita estaba en cómo hacerlo.

Basándose en un sistema multitonal, este visionario, desarrolló “rotores de generación” o “tone wheels” (una especie de alternador cilíndrico) que, al rotar, generaban X cantidad de amperes. La diferencia de amperes proveía la vibración del tono, y manipulado a través de una serie de “sintetizadores” de señal, el sonido, con, hasta treinta y seis posibilidades armónicas, se producía mágicamente. O al menos, eso dice Mark Twain, quien presenció una de las funciones.




Sin saberlo plenamente, Cahill, había inventado al bisabuelo de los sintetizadores modernos.


Claro, como todo gran descubrimiento para el que la humanidad no tiene uso inmediato, su invento pasó con poca gloria; el tiempo del sintetizador no llegaría hasta después de 1935, cuando Hammond introduciría el Hammond Electric Organ. La pobre calidad de cables, las bajas en corriente, y la indisponibilidad de materiales para trabajar, hicieron que, ya para 1916, el Telharmonio, fuera otro dinosaurio extinto. No así, los esfuerzos por fusionar la tecnología con la música; Ferrucio Busoni ya había quedado prendado por la electricidad y el sonido de Cahill.

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De Pluton y Cartas Astrales

>> Aug 29, 2006

Me levanté un poco torcido la semana pasada. Pensé que podría ser algo leve, pero entonces, al leer el periódico, llegué a la conclusión sobre lo que sucedía. Quizás, nadie lo notó, pero yo sí. Y es que yo creo que nadie se ha puesto ha pensar en lo alarmante que puede ser la noticia -aparentemente sin importancia- de que Plutón, ya no es un planeta. Claro, a los científicos, un carajo, ¿pero qué hay de los millones de personas que fijan y planifican su vida a través del mapa cosmográfico? ¿Pensó alguien en el descuadre que esto causará en los periódicos, revistas, sitios de internet y el resto de las publicaciones que dependen de aquellos fervientes creyentes en la cadena astral? ¿Sabe usted realmente cuántas casas ascendentes y descendientes se verán afectadas por esta acción irresponsable de estos adversarios del futuro? No, nadie pensó en ellos. Evidentemente, el sesgo entre astrónomos y astrólogos vuelve a recrudecerse después de casi 69 años de silencio.

¿Por qué no se ha emitido declaración o comentario de los más prominentes estudiosos del sistema astrológico? Es algo que no puedo explicarme. Sospecho que se encuentran en congreso secreto, preparando un comunicado de prensa en el que se explicará que –las autoridades del sino-, nunca creyeron que Plutón ejerciera la suficiente fuerza cósmica como para hacerle mella a al futuro o la personalidad de nadie. O tal vez se escuden bajo la excusa de que Plutón siempre será Plutón, y lo demás, un “parkin” galáctico de los poderes siderales, sin que influya mucho lo que tenga que decir la NASA.

Son muchas las preguntas que me quedan. Aun cuando, no debería importarme si añaden o quitan tres o treinta planetas más, porque, personalmente no creo en nada de lo que dicen, ni los astrólogos, ni los astrónomos. Pero, con esta observación, queda algo sobre la mesa. Algo mucho más grave que un leve cambio en un mapa que nadie lee. Si la gente anduviera realmente pendiente a las estrellas y planetas, ya hubiesen tronado contra los científicos por estar jugándoles con su futuro. Demostrado queda que las palabras pueden más que el cosmos. Y en último lugar, lo grave; qué excusa inventarán los payasos que cargan con capas, cascabeles y caracoles, para explicar que su sistema de cartas astrales, no es más que un aliciente tan artificial, como las pastillas y los estupefacientes, que se toma una sociedad que da lástima.

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Musica con cojones (serie especial) Primera Parte: Conlon Nancarrow

>> Aug 28, 2006


Pensé que el nombre de este caballero fue una de esas muchas locuras que saltan al oido. Pero no, Conlon Nancarrow es un personaje real. Quizás el más real de los compositores americanos. Porque siendo desdeñado por su afiliación política y la inaccesibilidad de sus composiciones; nunca traicionó sus convicciones. Ni siquiera quiso ser famoso. Les cuento.

Todos conocen sobre mi fanática afición a la música del célebre Frank Zappa. ¿Cómo no habría de serlo? Zappa pintó el canvas musical con una paleta de colores, contrastes y ritmos que pocos –con carreras de mayor publicidad y venta-, han podido imitar. Hay un chiste popular entre músicos. Se trata de probar que, todos los grandes de la música han tenido que ver, de una u otra manera con Frank Zappa.

Tomen por ejemplo al vocalista Steve Perry. Sí, es cierto, nunca cantó en la banda de Zappa, pero, Ansley Dunbar fue el primer baterista de Journey, y coincide con Perry al grabar el famoso Infinity de 1978. Claro, con otros integrantes no tan célebres es menos fácil hacer conexiones, pero aun así, ahí están los hechos. Pero a lo que iba…

Conlon Nancarrow, como un espectral fantasma, ronda, bajo distintas encarnaciones, todas las composiciones de Zappa. Desde el montaje polifónico de “Peaches en Regalia” hasta el multitextura “Yellow Shark” del Ensemble Modern.
Reconocido como una de las mentes más innovadoras de este siglo, Nancarrow escribió principalmente para pianola. Según dijo, nunca encontró un interprete lo suficientemente hábil que pudiese tocar su música. Muchos lo proclaman cierto. Y es que la obra de este hombre –además de incomprendida- resulta, aún hoy, sumamente compleja. Habría que habitar su cabeza para digerirla. Por eso, procedo a explicarla según lo expone el doctor Kyle Gann, en su libro, The Music of Conlon Nacarrow: “está compuesta por un intricado sistema de contrapuntos que, en ocasiones, llega a combinar hasta doce tempos distintos, simultáneamente”. En palabras sencillas, es como si doce personas leyeran oraciones parecidas en contenido y sentido, pero lo hicieran en momentos distintos dentro del mismo minuto (Joey está bienvenido a corregir).

No podría ser de otro modo: Nancarrow luchó junto a la Brigada Lincoln, en contra de Franco en España, al regresar a Texas se convirte en miembro del Partido Comunista; trabajó como trompetista para bandas de jazz en Boston, y en 1940 es declarado como individuo “non grato” en la nación, gracias –aunque no lo crean- a su música “incomprensible”, que se llegó a creer código secreto (God Bless America! God Bless McArthur!), por ello, su pasaporte es revocado, forzándolo a expatriarse en México. Tierra que no abandonó hasta su muerte en 1997.

Es ese torbellino de situaciones el que lo impulsa a escribir como lo hace; “casi imposible vivir, casi imposible de tocar” define Tom Rodwell la situación. Añade Rodwell que, Nacarrow, “es el compositor más extraño de todos en el sentido dadaísta de crear y no de la manera de cualquier estrella del rock moderno”. Su música está llena de colores estridentes y figuras libres, expresiones que delatan una fuerza oculta individualmente pero mucho más fuerte cuando se agrupa. Está construida para emocionar a través de un instrumento completamente mecánico; la pianola. Creo que con mente crítica, podemos acercarnos a sus Estudios número: 18, 20 y 37, y sin duda comprender el alcance y la influencia que ejerce este enigmático personaje en la música moderna; desde el jazz hasta la fusión.

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A botar la caja

>> Aug 15, 2006

En diciembre del pasado año, me dije: "voy a crear un blog, a ver qué pasa". A menos de un año, definitivamente me he convencido de que, esto de tener un blog, no es tan grandioso. El mantenimiento es demasiado y en cambio, la retroalimenteación no es lo suficiente como para insistir en pasar trabajo escribiendo cosas que nadie lee. Por tanto, he tomado la decisión de cerrar La Caja de Cartón, y marcharme con mis escritos e invenciones a otra parte. Supongo que debo ser un dinosaurio al admitir que el internet no ha funcionado para mí. No importa. Me voy agradecido, primero por sus visitas y segundo por sus comentarios, que a pesar de que no influyeron de manera alguna en mi proyecto (¡BROMA!)... mentira, gracias a todos. Pero preferiría que me leyeran en otro ambiente que no fuera el frío ciberespacio. Eso es todo.
Hasta luego,
Ernesto/Jorge

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Un aspaviento a la ignominia. Por aquello de escribir y no perder la costumbre de lanzar piedras al viento

>> Aug 9, 2006

Comprendo bien que últimamente no me he mantenido escribiendo todo lo que quiero, aun cuando me he mantenido queriendo todo lo que he escrito. Es una de esas dicotomías con las que hay que vivir y trabajar. Quizás, Coquito y yo, no somos tan distintos. En ambos, el bien y el mal conviven, sin brindar una fotografía clara sobre nuestros propósitos. Personalmente, me siento más cómodo con ese tipo de individuos.
Claro, que cuando se refiere a cuentos de camino e historias pedestres que alguien le dijo a alguien que le dijo alguien, todos nos convertimos en seres extraños y fantásticos. Yo espero el día en el que el público se trague, sin remilgos, lo que escribo; supongo que Coquito también quiso algo similar; según me contaron, soñaba con una cooperativa de tiradores y no sé que otro cuento. Donde nos diferenciamos, es cuando yo no obligo ni empujo por ojo, boca y nariz mi trabajo.
Pensándolo bien, con el poco tiempo que tengo disponible para pensar... es obvio que, de una forma u otra, siempre llegamos a creernos el falso mundo que nos pensamos. A propósito de eso, Silverio, por favor no me envíes más correos diciéndome sobre tus figuras poliformes para el éxito. Existimos aquellos que todavía nos consideramos suficiente para seguir con nuestra existencia, sin la necesidad de pagar $750 rectángulares para enderezar las curvaturas, que aleatoriamente, deben de continuar como son.

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